¿Por qué se eliminó definitivamente el horario de verano y cómo repercutía en nuestra salud según las autoridades mexicanas?

Aprovechar mejor la luz natural y por ende reducir gastos energéticos fue el argumento con el que a partir de 1996 comenzó a implementarse el horario de verano en México.

Veintiséis años después, el horario de verano es ya cosa del pasado y desde 2002 se presentaron 34 iniciativas de ley para terminar con él. La actual administración federal defendió este cambio bajo el argumento de que existe un elevado rechazo a nivel popular: el 71% de la población mexicana está en contra del horario de verano según una encuesta dada a conocer por la Secretaría de Gobernación.

El Ejecutivo ha defendido que la iniciativa puede tener efectos en la salud. La secretaria de Energía, Rocío Nahle, indicó que “la falta de sincronización con el medio ambiente” causa “problemas físicos y mentales en el sistema nervioso”. Desde el punto de vista económico, la secretaria señaló que el ahorro de energía es “muy bajo” respecto al consumo total, por lo que consideró que “no tiene impacto en el gasto familiar”. Los datos del Gobierno aseguran que, desde 1996, el cambio de horario de verano solo ha contribuido en un 1% de ahorro energético anual.

Para la Secretaría de Salud, en voz de su titular Jorge Alcocer Varela, el horario de verano tiene efectos adversos en el sistema nervioso, lo que ocasiona somnolencia, irritabilidad, problemas de concentración y de memoria, así como trastornos digestivos, con disminución del apetito durante el día y aumento en la noche.

El secretario de Salud destacó que el horario de invierno, es decir, el horario real, promueve un ritmo biológico más estable que el de verano, mejora el rendimiento intelectual y ayuda a disminuir enfermedades del corazón, obesidad, insomnio y depresión.

En el horario que hoy nos rige, las mañanas son más luminosas y las tardes más oscuras, por lo menos en el centro del país, en donde suele oscurecer a partir de las 5:58 pm.

Por ello, no deja de haber voces encontradas, es decir, los que prefieren el horario de verano y los que defienden el que coloquialmente los mexicanos llaman “el horario de Dios”, sobre todo los trabajadores que tienen que tomar transporte público o caminar desde poco antes de las 6 de la mañana. ¿Y tú, cual horario prefieres?

Con información de El País.

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